Malas ideas “solidarias”de un militante de IU. Réplica.

ujce

Publica mi compañero Jorge García Velasco un post titulado: “Querido insolidario”. Es una amalgama de ideas, pero debido a un párrafo en especial, pasaré a hacer un análisis del post.

Empecemos por el tercer párrafo del que podemos resaltar dos ideas claras.” El capitalismo es competencia, no cooperación” y la segunda, “tenemos una educación capitalista”. Ambas erróneas. El capitalismo es un sistema económico que necesita necesariamente libertad económica. Una de sus características es la división del trabajo, esto es, las unidades de producción no realizan todo el proceso de producción de bienes, sino que se divide en función de los tipos de bienes, y dentro de estas, en distintas etapas. Como corolario se deduce interdependencia. Necesitamos al resto para llevar a cabo nuestra acción, es decir, necesitamos colaborar para conseguir nuestros fines. Es decir, cada agente necesita satisfacer a los demás para que estos puedan satisfacerle a él (la solidaridad de la que hablará debajo). Por ejemplo, en un intercambio entre A y B de un bien X (que tiene A y lo quiere B) y un bien Y (que tiene B y lo quiere A), solo podremos alcanzar nuestro objetivo, el bien Y, si colaboramos, cooperamos, con B y le damos el bien X(que valoramos menos que el Y, y viceversa para B).  Esto no quiere decir que la competencia no existe. Los recursos son escasos (las necesidades son mayores que los medios para satisfacerlas, en caso contrario, viviríamos en estados de abundancia, absurdo), por tanto, necesitamos mecanismo para colocar esos recursos en la producción de los bienes más deseados y que este proceso se haga de la manera más eficientemente posible, y esto lo conseguimos mediante la competencia. Intentaremos buscar la mayor producción de bienes valorados con el objetivo de que por medio del intercambio (colaboración) el resto consiga satisfacer el mayor número posible de nuestros fines, por lo que, un proceso competitivo tenderá a satisfacer las dos proposiciones anteriores. Por ejemplo, supongamos que existe el productor A del bien X produce el doble de X y con la mitad de recursos que A’. En este ejemplo a cada productor se le da, inicialmente, la mitad de recursos (materias primas) para la producción de X. El proceso competitivo permitirá que sea A quien gane cuota de mercado, por lo que finalmente  o se producirá casi el doble del bien X y se liberarán recursos para satisfacer otras necesidades adicionales (como capital, mano de obra…) de X, o bien se mantendrá la misma producción de X, pero se liberarán más recursos aún (gran parte de las materias primas de A’, capital, mano de obra…) que permitirán satisfacer otras necesidades, o bien una alternativa intermedia. Otro proceso de cooperación será la caridad, que comentaremos más abajo. En resumen, el sistema capitalista en el proceso de satisfacción de necesidades necesita necesariamente la colaboración entre agentes económicos para satisfacer nuestros fines. La competencia será necesaria para que potenciar esa colaboración, para satisfacer un mayor número de necesidades.

Vayamos con la segunda frase, la educación actual es capitalista. Veamos, los partidarios del capitalismo liberal proponen un sistema educativo en el que sean los oferentes y los demandantes de educación los que decidan los aspectos educativos, esto es, que sean centros, padres y alumnos los que decidan, en un ámbito de mercado libre, todos aquellos aspectos relacionados con la educación, como lo que le molesta al autor, la oferta educativa actual. Pero, ¿ocurre algo parecido a esto? Nada más lejos de la realidad, los aspectos de la educación son dirigidos por un ente exterior al proceso de intercambio antes citado llamado Estado, la crítica debería ser, por tanto, al Estado. Luego, si se quiere eliminar esos aspectos negativos que se comentan la solución es sencilla, que  cada padre, madre y alumno (en distinto grado según la etapa educativa) decidan qué y cómo quieren estudiar. Que no sea el Estado(ni este ni el que propondrá él) el que decida ¿Nos opondremos a que padres y alumnos decidan su centro y oferta educativa, es decir, nos opondremos a una educación libre no manipulable?

En el cuarto párrafo se habla de la criminalización por parte de la prensa de movimientos sociales, se cita implícitamente a la PAH. Esto es falso, basta con leer El País, Público, El Diario, La Marea… para ver que lo apoyan. Se confunden dos cosas. La primera es que la prensa no comparta mi idea que considero la mejor alternativa (cosa discutible, pero no aquí), por tanto, criminaliza y controla a los demás(siguiendo su razonamiento, ¿no podríamos argumentar que ellos están controlado por la prensa opuesta ideológicamente? o ¿ son inmunes a diferencia del resto?). La segunda es una falacia de asociación, parte de la prensa no comparte, por tanto, toda la prensa no comparte.

El sexto párrafo nos habla de la necesidad de acciones conjuntas para conseguir nuestros objetivos (“justicia social”, una weasel word). Esto es cierto, pero no es condición necesaria. Nos habla de agregación conjunta o de movimiento social de acciones en un mismo sentido para avanzar en nuestro objetivo, pero lo necesario es que las acciones vayan en el mismo sentido, por lo que no se sigue que la acción individual dispersa no consiga sus efectos. Por ejemplo, si nuestro objetivo es reducir el Estado, basta con que individualmente dejemos de financiarle para que esto, probablemente, se produzca.

El último párrafo habla sobre la caridad y solidaridad. La caridad a la que nos referimos los liberales encaja bien con su concepto de solidaridad (redes de ayuda mutua). Él entiende caridad como limosna, los liberales consideramos esta algo secundario, y principalmente nos referimos a la cooperación (monetaria o no) de los distintos individuos que forman la sociedad ante situaciones en la que un conjunto de estos se encuentra en una situación que requiere ayuda. Por tanto, veo más un problema de significantes que de significados. Para acabar esta idea, expondré un párrafo que refleja bastante bien el funcionamiento de la caridad privada (que no redes o sociedades de ayuda mutua):

El espíritu que antes animaba a la profesión de los asistentes sociales era muy diferente —y libertario—. Había dos principios básicos: a) que todo pago destinado a la beneficencia y al bienestar social debe ser voluntario, realizado por instituciones privadas, en lugar de constituir una acción coercitiva del gobierno; y b) que el objeto de dar debería ser ayudar al beneficiario a hacerse independiente y productivo tan pronto como fuera posible. Por supuesto, en última instancia, (b) surge de (a), puesto que ninguna agencia privada es capaz de reunir la cantidad de dinero virtualmente ilimitada que puede extraerse del sufrido contribuyente. Como los fondos de asistencia privados son estrictamente limitados, no hay lugar para la idea de “derechos” a la beneficencia pública como una exigencia permanente sobre la producción de otros. Como corolario de la restricción de fondos, los trabajadores sociales también se dan cuenta de que no existe la posibilidad de ayudar a los simuladores, a aquellos que se niegan a trabajar o que utilizan la asistencia de manera fraudulenta; de ahí el concepto de pobres “merecedores” en contraposición al de “no merecedores”. Así, la Organización de Caridad Social (Charity Organisation Society), una agencia inglesa del laissezfaire del siglo XIX, incluyó entre los pobres no merecedores que no eran elegibles para la beneficencia a aquellos que no la necesitaban, a los impostores y a los hombres “cuya condición se debe a la imprevisión o al derroche, y no hay esperanzas de que se los pueda hacer independientes de la asistencia […] caritativa en el futuro”.

(ROTHBARD, Murray Newton. Hacia una nueva libertad: El manifiesto libertario. Edición digital. Página 173)

En conclusión, nuestro compañero de IU y UJCE, no analiza bien los procesos sociales dentro de las economías de libre mercado, y por otra parte, atribuye libertad económica donde solo hay intervención. Mal análisis de partida que le puede llevar a acciones políticas bastante nocivas para la sociedad, un comportamiento que cabría tildar de, insolidario.

Adenda.

Podríamos establecer tres niveles en los que los debería basarse la asistencia social (nótese por otro lado que en aquellos sistemas económicos, p.e., sistemas con alta libertad económica, de los que se deriven altos niveles de prosperidad con tendencia a la plena ocupación o similares habrán solucionado una parte muy sustancial del problema). El primer nivel, relaciones de vínculos “cercanos”, instituciones sociales (como la familia, amigos…) o el ahorro individual (ayuda individual intertemporal) para hacer frente a las adversidades que puedan ocurrir. El segundo nivel, instituciones de vínculos más lejanos pero horizontales o recíprocos, como las sociedades de ayuda mutua (red de asistencia social voluntaria) o los seguros (basados en la ley de los grandes números y gestión “empresarial”). Por último, el tercer nivel, instituciones con vínculos lejanos pero verticales o asimétricos, como la caridad privada (organizada a través de sociedades de beneficencia que canalicen los recursos y servicios de los donantes a los necesitados como se explica en el extracto de Hacia una nueva libertad unas líneas arriba) o la asistencia social por parte del Estado (que cumpla el principio de subsidiariedad frente a relaciones voluntarias y con un marco de incentivos lo menos distorsionador posible). Por tanto, como ya se mencionó, la caridad privada tendría un papel secundario frente a los dos primeros niveles. Para un estudio más detallado sobre el tema recomiendo encarecidamente el capítulo 14 de la segunda parte (en realidad recomiendo todo el libro) de Una revolución liberal para España de Juan Ramón Rallo.

About alvaro10ars

1994. Estudiante de Física con intención de ser físico teórico. Libertarian. Ateo.
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