Democracia y libertades.

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Este artículo fue publicado originalmente en LiberalSpain.

Aclaración: El propósito de este post es mostrar que la democracia no voluntaria implica cierta coacción, no se entra a valorar si esta es necesaria o no lo es. Hay casos donde lo es. El origen del post radica en diversas noticias sobre paises, en general pertenecientes o cercanos a la antigua unión soviética, donde mediante ciertos procesos democráticos se han intentado, a veces con éxito, vulnerar derechos de personas homosexuales.

En este artículo se tratará de demostrar que la democracia, sin ciertos controles, puede laminar derechos civiles. Parece extraño plantearse esta cuestión. Se suele pensar que la democracia es el final del “proceso político” que ha ido transcurriendo a lo largo de la historia. Y en la actualidad, la mayoría de personas no quiere un cambio de modelo distinto a la democracia, sino que quieren hacer cambios superficiales… Es evidente que los sistemas anteriores a la democracia eran infinitamente peores, pero después del artículo, y al ver que la democracia necesita la fuerza, concluiremos que este modelo puede necesitar de cambios estructurales para mejorar.

Primero empezaremos con las definiciones de los conceptos que vamos a tratar.

Democracia: 1. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. 2. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

Observemos que el sistema jurídico es aquel que debe hacer respetar los derechos de cada individuo, en este caso esa tarea corresponde al Estado. Ahora fijémonos en la siguiente proposición: la democracia en un sistema no voluntario, implica coacción y la posible violación de derechos individuales. En efecto.

Partamos de las hipótesis de la proposición, democracia y sistema no voluntario. La segunda hipótesis nace de la naturaleza de los Estados democráticos en los que no se pertenece por voluntariedad, sino por obligatoriedad. Y principalmente, como veremos al final, por no oponernos a sistemas no voluntarios.

Atendiéndonos a la definición existen órganos de poder que son elegidos por una mayoría de votantes. Estos órganos son en mayor o menor medida representaciones de los votantes mayoritarios (el grado es irrelevante para la demostración). Estos órganos tomarán decisiones que afectarán a los individuos que forman parte del sistema. Las decisiones cambiarán la conducta de los individuos que se vean afectados. El cambio de conducta supondrá que los ciudadanos no actúen de la manera en la que pensaban obtener el máximo beneficio posible y lo hagan en la manera en la que el órgano de poder piensa que va a tener un beneficio, los propósitos de los gobernantes de este son irrelevantes como veremos en el siguiente párrafo. Este cambio de conducta se produce debido a la existencia de una “violencia potencial” que poseen los órganos de poder para que los ciudadanos implicados acaten las decisiones. Es decir, existe una fuerza (violencia o violencia potencial) externa (poder democrático) que modifica la conducta de los individuos de manera no voluntaria (posible violación de derechos individuales). Esto es lo que pretendíamos demostrar.

Para concluir esta parte vamos a tratar lo beneficiosas que pueden ser estas acciones para los individuos. Como ya hemos explicado, la decisiones de los órganos de poder afectarán a unos determinados individuos, en general, en su perjuicio. Para refutar que no existe perjuicio y que no hay individuos coaccionados, vamos a partir precisamente de esos supuestos. Supongamos que todos los individuos se benefician, siendo este el máximo posible según las valoraciones subjetivas de cada individuo, de las decisiones del gobierno. Si las decisiones son las de máximo beneficio para las partes, entonces los individuos llevarán a cabo estas acciones sin la necesidad de un órgano que los dirija (a excepción de fallos de coordinación de los agentes, como los bienes públicos que requerirían un análisis especial). Es decir, el sistema no necesitaría obligatoriedad, ya que la voluntariedad sería suficiente para su correcto funcionamiento. Hemos llegado a una contradicción de una de las hipótesis, sistema no voluntario. El punto de partida es falso. Por tanto, el sistema perjudicará a los individuos.

Realicemos una observación sobre el razonamiento anterior. La democracia, como sistema obligatorio, en un sistema que puede ser opresivo. Pero si deja de ser obligatorio y los individuos la aceptan en determinadas situaciones, puede ser beneficiosa. Por ejemplo: gestión de bienes comunes en una asociación de vecinos, votación sobre determinados temas en una clase de la universidad…

De la primera proposición demostrada (implicación de posible violación de derechos) y la definiciones del principio, concluimos que el concepto de democracia está puede implicar la violación de libertades individuales.

Ahora vamos a ampliar un concepto, la legitimidad de un sistema democrático en las condiciones que mencionamos al principio. Para demostrar que lo democrático no siempre es legítimo, vamos a refutarlo con un ejemplo (contraejemplo). Supongamos que existe una sociedad formada por siete individuos. Esta pequeña sociedad necesita satisfacer una serie de necesidades básicas, y para ello se decide, establecer un sistema democrático en condiciones de obligatoriedad de pertenencia. En este sistema se crea un “grupo de presión” formado por cuatro de los siete individuos. Y deciden formar parte de un comité organizador de esa pequeña sociedad, gobierno. Sus posibles decisiones son:

1. Que la minoría “pertenezca” a las cuatro personas de poder, esclavitud.

2. Que todo aquello que produzcan las tres personas, pertenezca a las cuatro personas de poder, violación de derechos de propiedad.

Una de estas dos opciones será llevada a cabo.

Ahora reflexionemos sobre el sistema democrático establecido, obviamente problemático. Lo primero que notamos es que el problema no viene por la representación, ya que esta es total, es autorepresentación. También nos damos cuenta de que el problema no es la falta de democracia, el gobierno es la representación de la mayoría de la sociedad. Entonces, ¿cuál es el problema? La violación de los derechos individuales. Nadie, más que nosotros mismos, tiene legitimidad a decidir ni como debemos actuar con nuestro cuerpo ni cómo debemos actuar con los medios que poseemos, mientras no haya externalidades. Por otro lado, se plantean una serie de problemas: ¿qué límites establecer de violación de los derechos de cada individuo?¿Por qué esos y no otros? ¿Cuando debe actuar un contrapoder contra lo democraticamente establecido? ¿Cómo? ¿No sería esto antidemocrático?

En suma, hemos demostrado como la democracia es un sistema potencialmente violento y sin legitimidad necesariamente en la toma de decisiones. Las sociedades actuales son democracias con gran número de habitantes, con mayor libertad que en épocas pasadas, pero esto no nos debe hacer camuflar potenciales problemas liberticidas de este organismo, según Benjamin Franklin:

“La democracia son dos lobos y un cordero decidiendo por votación qué se comerá en el almuerzo.”

La libertad es la oveja capaz de rechazar ese voto.

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