Monarquía, república y procesos de mercado.

Puerta_deAlcala1937

Escribo este post para tratar el tema de la monarquía parlamentaria o república. Mi posición, que no es la de Hoppe sobre monarquías absolutas (de hecho me parece errónea en varios puntos, aunque con fondos de verdad interesantes), se puede resumir en este sistema de preferencias sobre la jefatura del Estado: Ø>>Monarquía>=República. Es decir, ante una jefatura del Estado sin poder ejecutivo, simplemente representativo, prefiero mucho más la ausencia de jefatura de Estado, de los procesos de mercado de los que se hablará abajo, mucho después que haya una monarquía y un poco menos o similar a la monarquía que haya una república.

Como ya se ha mencionado, serían jefaturas del Estado no presidencialistas, cuyas funciones serían, grosso modo, simbólicas y representativas, arbitrales y moderadoras. Las razones por las que una monarquía parlamentaria, puede ser ligeramente preferible a una república parlamentaria son:

Preferencia temporal.

La votación democrática con periodos de votación inferiores, como norma general, a tiempo del mandato del monarca y sin carácter hereditario hacen que las acciones tomadas tiendan a ser cortoplacistas (coste a corto plazo, beneficio a largo plazo), por lo que las decisiones necesarias que requieran un plazo mayor es muy probable que sean tomadas en menor medida. Por ejemplo, supongamos que dentro de esas tareas representativas el jefe del Estado tiene la siguiente dicotomía: reforzar relaciones con A, cuyos beneficios son a corto plazo, o reforzar relaciones con B, cuyos beneficios son a mayor plazo, pero se estima que su “valor actual” es mayor. Ante este dilema, el jefe de Estado republicano optará por A, ya que los beneficios coinciden con su mandato. No optará por B ya que en ese caso los beneficios no se ligarían de una manera clara y evidente a él, beneficiando a otros posibles jefes de Estado futuros y dejaría de beneficiarse de A. Sin embargo, un monarca no sufre esta dicotomía, ya los beneficios de B recaerán sobre él, o sobre sus herederos y dado que su valor presente es mayor, tenderá a optar por ellos.

Neutralidad.

Estar sujeto a un sector de la población distinto del total (votantes) que pudiera alejar de su función representativa. Las elecciones democráticas implican necesariamente que los candidatos ofrezcan “servicios políticos” diferenciados, de ser iguales no tendría sentido que se realizara una votación entre A y B con A=B. Esta postura no será neutral, sino orientada a un sector de la población, por lo que la labor de representación será llevada a cabo de una manera peor, ya que el representante tendrá unas características diferenciadoras, que lo acercarán a un grupo poblacional en detrimento de otro, a pesar de que su función es la representación de toda la población . Es decir, supongamos que es elegido un presidente de la república conservador. Este no representará a un sector de la población (los no conservadores), por lo que llevará a cabo su función de manera menos eficiente que si fuera lo más neutral posible. En la monarquía esto no ocurre necesariamente, ya que el monarca no debe relacionarse con ningún grupo político para llevar a cabo su función, ni atraer aun grupo de votantes mediante la aceptación o rechazo a una serie de posturas. Podría razonarse que los republicanos no se verán representados por el monarca. El razonamiento no es más que un caso especial de los características del jefe del Estado que lo alejan de unos y los acercan a otros sectores de la población. Analicemos este razonamiento profundizando en las características. Clasifiquemos las características de una persona (o institución) en: posicionamiento evitable y posicionamiento no evitable (esencial), asumamos que cualquier jefe de Estado poseerá características que pertenecerán a uno de estos grupos. El monarca tendrá irremediablemente las características de posicionamiento no evitable (por ejemplo, la preferencia por monarquía o república, aunque como veremos más abajo es una falsa dicotomía). El jefe republicano tendrá estas, más los evitables que surjan de la diferenciación en el proceso democrático. Entonces, ceteris paribus, (esto es, suponiendo similar grupos de rechazo y aceptación de las no evitables), los grupos no representados en la república serán mayores por el hecho de tener que diferenciarse en los procesos democráticos. Luego, el hecho de que los republicanos no se vean representados por el monarca (al igual que los monárquicos no se verán totalmente representados por el jefe del Estado republicano, en caso contrario, serían republicanos) no invalida el hecho de que a igualdad de circunstancias la república parlamentaria es menos representativa. Obviamente, si no se dan estas, las consecuencias deducidas no tienen que darse necesariamente.

Democracia.

Suele argüirse que la república es preferible por la razón de que es democrática. El argumento de fondo es, para todo A o B, A es preferible a B si A es democrático. Pero esto es obviamente falso. Por ejemplo, supongamos que debe decidirse si los inmigrantes tienen las mismas libertades individuales que cualquier nacional. Sea A=votación democrática, B=cualquier ser humano debe gozar de las mismas libertades independientemente de su origen. Es claro que B es preferible a A, pero B no es democrático. A los mismos contraejemplos podemos llegar con derechos de homosexuales (véase el caso ruso y el francés para los inmigrantes), tratamientos médicos (vacunas, homeopatía, tratamiento de enfermedades…), líneas de investigación en ciencia (¿debe votarse democráticamente que líneas de investigación se financian y cuales no?), respeto a los derechos de propiedad básicos, derecho a la vida, libertades civiles… Ninguno de estos debe votarse democráticamente, simplemente deben ser válidos sin votación o decidirse por otras vías. Luego la democracia no es siempre preferible, existen muchos casos donde no lo es. Pongamos otro ejemplo bastante similar al de la jefatura del Estado. Supongamos que el tema es un representante religioso de ciudades, países… de todos los ciudadanos de esa comunidad. Entonces, podríamos decir que la religión, o ausencia de esta, del representante debe regirse por procesos democráticos, esto es, si en una comunidad (ciudad, país…) existe una mayoría católica, deberá haber una institución católica estatal que difunda su mensaje a través de los medios y recursos que le proporcione el Estado o la administración, en representación de todos los ciudadanos. Lo mismo ocurriría si hay una mayoría musulmán, atea… Pero, ¿es esto razonable? No. No es tarea del Estado la religión, o ausencia de esta, que profese cada individuo y, por tanto, esa institución no deberá financiarse a través del Estado ni imponerse coactivamente a todos los individuos de la comunidad. Independientemente del resultado democrático, el Estado no debe financiar esa institución. El Estado debe permanecer neutro, la neutralidad que tendrá, ceteris paribus, ligeramente en mayor medida el monarca.

Es evidente que con esto no se demuestra que todo lo democrático sea malo, sino que todo lo democrático no es necesariamente bueno. Habrá que analizar entonces, si la democracia en este caso es perjudicial o no (uno de los motivos de este post). Luego, decir que es democrática, sin mayor análisis, es un razonamiento bastante pobre.

Podría razonarse que la democracia es un contrapeso político para que el jefe del Estado realice de manera correcta sus funciones. Sin embargo, esto no es necesario por dos motivos. Primero, las funciones del jefe del Estado son menos relevantes que las de otros cargos (no es lo mismo que existan contrapesos para aquellos que ejecutan o crean las leyes, que para alguien que inaugura hospitales o ejerce de representante en una cumbre). Pero esto no implica que no deban existir contrapesos, de ahí el segundo motivo. Sí existen contrapesos. Recordemos que estamos analizando las repúblicas y monarquías parlamentarias, es decir, donde la jefatura del Estado está controlada por el poder ejecutivo, gobierno, y el legislativo, parlamento, que sí son elegidos democráticamente.

Politización.

No politizar una institución más y las consecuencias que conlleva. Son aplicables a cualquier decisión democrática. Principalmente podríamos incluir algunos resultados de la escuela de la elección pública (Public Choice) como:

1. Coste de informarse alto (lectura de todos los programas, analizarlos con un marco teórico basado en correctas teorías económicas, éticas…) e individualizado, beneficio común y con poca probabilidad de voto decisivo (prácticamente 0). Por lo que no tenderemos a informarnos y los factores decisivos en el voto serán sesgos (prejuicios) ideológicos (en la mayoría de los casos falsos), grupos de interés para los indiferentes…Supondrá un fallo por bien público a la hora de informarse, lo que llevará a decisiones con información no óptima. Si bien es cierto que la información necesaria para otros cargos, p.e., parlamento, podría ser mayor.

2. Aparición de grupos de interés (con capacidad de influencia). El beneficio es individual (de los intereses particulares del grupo) y los costes se diluyen entre toda la sociedad. Ejemplo, El lobby de personas de la cultura que quieran exportar sus “productos”. En la monarquía también ocurrirá, pero en menor medida, ya que no habrá grupos de interés que ayuden a llegar al poder influyendo de alguna manera en los procesos democráticos.

3. El ya mencionado anteriormente de la miopía política, tendencia al corto plazo a pesar de que muchas acciones requieran un largo plazo. Además, este problema entra en conflicto con el aumento de la frecuencia de las votaciones (agravarían el problema aún más). Por tanto, si queremos solventarlo deberemos votar cada más años, lo que provoca otra serie de problemas.

La falsa dicotomía entre súbditos y ciudadanos.

Algunos argumentan: “No somos súbditos, somos ciudadanos.” Esto no dice absolutamente nada. Tanto en el caso de una república como en una monarquía las funciones serían similares, ciertas diferencias que habría ya las hemos comentado aquí y de ninguna de ellas se sigue un cambio de súbdito a ciudadano. La cuestión es sencilla, seremos súbditos de aquellos que coactivamente controlen nuestros actos y nuestros bienes y el problema ahí no es de monarquía o república, sino de Estado grandes o Estados mínimos (no se concreta el valor del mínimo) donde quede garantizado el respeto a las libertades individuales. En el segundo caso seremos ciudadanos libres, en el primero seremos súbditos en mayor o medida. Elegir al amo (que como hemos visto, sería ligeramente peor), no te hace menos súbdito, que desaparezca el amo, sí te hace menos súbdito.

‘No somos súbditos, sino ciudadanos’
‘No somos súbditos, sino ciudadanos’

Procesos de mercado.

Estas razones tenderían a hacerlo un poco más eficiente que la república, aunque obviamente tendrá errores. Esos errores vienen porque no se asemeja a los procesos que tiene cabida en un mercado. De hecho, en un mercado libre sin presencia del Estado en esta materia, esta función de diluiría entre todos aquellos agentes que deseen establecer relaciones con otras organizaciones, asignándose de una manera más eficiente los costes y beneficios de cada acción e incentivando a un mejor funcionamiento de esta. Veamos los puntos anteriores desde la óptica de procesos en el mercado (relaciones voluntarias mutuamente beneficiosas entre agentes económicos). ¿Se maximizarían los grupos representados? Sí. En efecto, en un sociedad los individuos tenderán a asociarse en varios grupos (universidad, amigos, una empresa, familia…). Estos grupos se diferencian de otros porque sus miembros poseen unas características o intereses comunes. Entonces, si un determinado grupo desea labores de representación, asignarán a un individuo que represente esos intereses comunes (y no los dispersos y múltiples intereses de todos los individuos de una nación) para unas actividades concretas. Por ejemplo, si una empresa quiere establecer relaciones con unos individuos de los Emiratos Árabes, será esta institución (y no los contribuyentes) la que costee el proyecto y designe a su representante adecuado a sus intereses. Así con cada organización, creándose unas relaciones de representación descentralizadas, con costes y beneficios correctamente asignados y que satisface a todos en mayor medida (relaciones voluntarias).

Por otro lado, deja de producirse el efecto de baja información, ya que la influencia es de probabilidad máxima y los beneficios recaen íntegramente. Deja de producirse el problema de coordinación llamado “bien público” (subóptimo de provisión de bienes no excluibles y consumo no rival). También desaparecen los grupos de presión, ya que no existen recursos públicos con los que realizar actividades que concentren los beneficios y se diluyan los costes entre todos los contribuyentes. Las transacciones son voluntarias y solo podrán ser llevadas a término si ambas partes están de acuerdo.

El cortoplacismo también desaparece, si el valor presente de una acción es mayor que el de otra, esta tenderá a ser tomada, ya que no existen periodos democráticos que impidan la obtención de esos beneficios. Notemos además que los costes y beneficios estarán mejor asignados, a diferencia de lo que ocurría en monarquía y república.

Finalmente, dejamos de ser súbditos. Los procesos de mercado se caracterizan por relaciones voluntarias mutuamente beneficiosas, i.e., ambas partes salen beneficiadas. Desaparecen las instituciones (al menos en este ámbito) que se financian por vía de la coacción, esto es, desaparecen las instituciones que nos hacen súbditos.

Conclusión.

En resumen, he intentado describir ciertas ideas por las que la monarquía es ligeramente preferible a la república (sin poder ejecutivo) y, por otro lado, describir que razonamientos no son válidos para defender la república. Aun así, mi postura no es la de un monárquico ni la de un republicano, ya que considero que existe una alternativa mejor: los procesos de mercado. Es decir, que las funciones se diluyan entre todos los agentes económicos a través de relaciones voluntarias y mutuamente beneficiosas en un proceso de experimentación descentralizada que permita descubrir la forma más eficiente de llevarlas  a cabo. Por otro lado, el debate monarquía/república es un debate poco importante y que camufla el debate esencial, sociedades más o menos libres. La forma de la jefatura del Estado es prácticamente irrelevante a la hora de determinar la calidad de vida de sus ciudadanos. Frente a la monarquía española o la república bolivariana de Venezuela, yo me quedo con una república próspera y libre como Suiza.

Adenda.

1. El propósito de este post no es analizar cualquier tipo de monarquía-república, sino sólo aquellas que no tengan poder ejecutivo (arriba lo he llamado no presidencialistas). En el caso de que lo tuvieran, prefería la república (en el dilema monarquía/república).

2. No llego a la conclusión de que el rey sea neutral, sino a que tenderá a ser más neutral. Este con el mero hecho de actuar podrá, subjetivamente, no ser neutral para alguien. Esto también ocurre con el jefe repúblicano. La diferencia radica, como indico arriba, en que para este es condición necesaria mostrar o ligarse a un tipo de posturas. En la monarquía no.

3. La cuestión sucesoria es un privilegio. Está afirmación es razonable, pero no afecta negativamente al análisis anterior. De hecho, es positiva (en criterios de eficiencia) ya que disminuye aún más el cortoplacismo. Por otro lado, también podríamos calificar de privilegiada la situación de un jefe de la república (cuya familia y él disfrutarán de condiciones similares al monarca) solo por que un grupo electoral o político así lo decida a costa del resto de ciudadanos. Si queremos eliminar los privilegios, debemos pasar a sociedades voluntarias, prósperas y libres, no a cambiar los privilegios de unos por los de otros.

4. Que sea no democrático, no implica la inexistencia de cambios. Ante diversas situaciones no deseables podrá haber cambios en la jefatura del Estado tanto verticales y horizontales dentro de un grupo (por ejemplo, Casa Real) o incluso cambios de grupos. Esto conlleva un mayor incentivo para evitar las situaciones indeseables de la institución.

5. A pesar de lo simple que pudiera parecer y de no existir contradicción lógica alguna, se me ha tachado de liberal monárquico, pensando que defiendo la supresión del Estado para dar paso a yo que sé tipo de monarquías, u otras cosas similares. Esto es completamente falso. El error (intencionado o no) de la argumentación se encuentra en que se está mezclando una preferencia entre dos sistemas (monarquía/república) con una preferencia entre todos los sistemas posibles (mínimo Estado posible). La crítica sería tan absurda como si calificarán a alguien de liberal socialdemócrata por preferir la socialdemocracia al comunismo, pero entre todos los sistemas posibles, defender el mínimo Estado, (Mínimo>>SD>>Comunismo).

About alvaro10ars

1994. Estudiante de Física con intención de ser físico teórico. Libertarian. Ateo.
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